sábado, 19 de noviembre de 2011

Noche de cuervos en Berlin



Cursaba el cuarto año de mi carrera y tenía a mi amiga Coco, con quién compartía la afición de los libros y el arte. Ambas la pasábamos negra por razones de nuestra precaria economía estudiantil de donde heredeamos la dependencia al café y los tortichips de nacho con queso. Nuestras discusiones aspiraban a cambiar el mundo y al menos en intenciones nos hacían sentir mejor con la vida que nos había tocado. A ella todavía más porque no contaba con padres que le financiaran los estudios y a mi porque acababa de fallecer mi padre y quería ayudarle a mi madre a salir adelante con la familia. De modo que tocamos puertas y obtuvimos ayudas para estudiar becadas por cultura. En los intervalos compartíamos libros de todo tipo, pero mi amiga Coco prefería las biografías de grandes pintores: Frida y Diego Rivera, Vincent van Gogh y los más famosos de las artes plásticas. Enciclopedias ilustradas, calendarios, revistas, almanaques, lo que fuera que hablara de arte y de esos pintores. Entonces vi aquel cuadro de van Gogh, la noche de cuervos, y me quedé absorta observando esos círculos concéntricos y el azul obscuro, casi negro, de la noche, con esos pájaros sobrevolando el abismo. Para entonces tenía 21 años y me atrajeron los colores y el misterio de lo que pudo haber motivado a van Gogh a pintar una noche así.
Entonces me encuentro a los 34 años caminando en Berlin en pleno final del otoño, frente a todos esos árboles que se han arrancado los cabellos e inundan las calles con sus tonos ocre, rojizos, amarillos, cafés. Desde el balcón del City Stay, cerca de Alexander Platz, las figuras humanas parecieran actuar en un film todo previamente ensayado, entrando y saliendo, de los edificios, de los autos, del metro, de los autobuses, o quietos en la acera de enfrente fumando donde es permitido. El silencio excesivo empuja a los ventanales sin barrotes que en nuestros países ponemos para que no nos roben. Pero aqui todo es tan libre que podrías" renunciar a la vida" aturdido por la vibración del aparato de calefacción intentando modular palabras en tu oído. Entonces decido salir, caminar por ahí y el graznido de un cuervo sobre el edificio de 11 pisos me clava el afilado pico en el alma, esta vez es mi noche de cuervos y recuerdo a van Gogh y me dicen que esos animales son tan intelgentes que hablan...

2 comentarios:

Grisselda Serrano dijo...

"el graznido de un cuervo sobre el edificio de 11 pisos me clava el afilado pico en el alma, esta vez es mi noche de cuervos..."

Siempre me ha gustado como escribes....Diosito y la escritura te ha llevado lejos....estoy convencida que irás todavía mucho más lejos.

Cuidate mucho, abrazoooosss
Firma: La Coco

Andira Watson dijo...

Te quiero mucho Coco! Mi amiga del alma. Por favor cuidate donde quiera que estés.