domingo, 13 de abril de 2008

CRITICA TEATRAL


ANDROMACA
La tragedia del desarraigo

Por AW

Quién no ha se ha planteado alguna vez, salir de su país para buscar nuevos horizontes, aprender a cerca de otras culturas: modos de vida, cosmovisiones, hábitos, etc. O en el peor de los casos ceder a la dinámica socioeconómica o política que le toque vivir y dejarse expulsar, salir quizás forzado, hacia un pueblo desconocido. Si se trata de un país subdesarrollado, con altos índices de pobreza y desigualdad de oportunidades como el nuestro, la razón es dramática: vivir o morir.

Sin embargo el sólo hecho de irse a otra tierra implica asumir más allá de los riesgos y muchas veces inconscientemente, un proceso de aculturación para interiorizar tarde o temprano aquellas pautas de conducta ampliamente aceptadas por el conglomerado social en el país de destino, lo que paulatinamente obliga al individuo a replantearse aspectos tan íntimos y esenciales como el sentido de pertenencia o su identidad. Pero también crea un impacto en el país receptor. Es humano rechazar y temer a lo desconocido, pero este rechazo es tan absurdo como lesivo. ¿Qué hacer?

Más allá de lo pecuniario ¿qué ocurre con aquel individuo: Hermano, madre, padre, tío, amigo, hija, que por la razón que haya sido, salieron a otras tierras? Después de algunos años ya no son los mismos. Sus costumbres, su forma de proceder, sus acentos, sus locuciones, todo ha cambiado. Y es tan radical a veces ese cambio que el reencontrarlos es un doloroso e inevitable choque. Entonces se crea el vacío: tus compatriotas no te reconocen, te vuelves extranjero de tu tierra y los otros ciudadanos nunca te ven como uno más si no como "el extranjero". He ahí la tragedia! No eres de acá ni de allá y por esto vivirás en el limbo identitario, como si se tratara de un ser extraplanetario.

Por otro lado, la reflexión entorno al poder, la guerra, las desigualdades sociales. No es a caso la ilegalidad de un inmigrante una justificación para un nuevo tipo de esclavitud de nuestros tiempos? Y no es hasta hoy posible que después de una guerra el vencedor imponga sus reglas, establezca su nuevo orden, dicte nuevos modelos y los haga obedecer so pena de muerte, y que los que una vez fueron ciudadanos pasen a ser extranjeros en su propia tierra o lo que es peor, esclavos? Tienen sentido las fronteras o son una invención humana para suprimir valores mas altos y trascendentes como la solidaridad o la capacidad de empatía?


Andrómaca, la obra teatral dirigida por Charles Delgadillo así lo plantea. Si bien la lengua castiza y la recitación trágica establecen una distancia que enfría las emociones y apela a un ejercicio de intelectualidad sin apasionamientos, poco acostumbrada en la escena nacional, no sólo por la vigencia del tema, la obra logra establecer ciertas convenciones básicas con el público echando mano de un interesante tratamiento del montaje, un vestuario de diseño surrealista, coreografías y juegos con el ritmo y la voz como elementos esenciales de la propuesta escénica así como una trabajo rico en expresión corporal, más logrado en algunos actores que otros (Amaralis Soza) hacen de la obra un todo estético, rico en posibilidades que no se explotaron del todo como pasó con El Coro que nunca se desplazó ni cruzó el umbral de la repetición mecánica de las frases... pese a ello, la obra en términos generales contiene mucha plasticidad y belleza que vale la pena ver, pero eso sí, con ojos de estudiante de semiótica.

Managua, Marzo 2008. Nicaragua.

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