viernes, 8 de mayo de 2015

Una cosa que ví

Ayer como pocas veces tomé el metro un tanto más temprano, y aproveché para disfrutar de una tarde de primavera en DC. La explosión de colores, lo agradable de los rostros, los vestidos de amplias faldas, las sandalias de atrevidos diseños, los cabellos húmedos y sueltos, los rizos, las flores fucsias y blancas, la grama verde, los árboles contentos, los niños compartiendo la dicha con el trino de los pájaros de fondo y la libertad con que se disfruta este tiempo, me resultan inspiradoras.  Son las seis y media de la tarde y recorro downtown DC, línea roja hacia Glenmont. Todavía hay sol. Me siento en el último vagón y estoy justo a la par de una persona igual de gruesa que yo. La situación no es tan cómoda, pero ajusto mis brazos al espacio de la ventana y comprimo mis piernas lo más que puedo. Doy lo que recibo. No tengo queja. Se viaja en silencio la mayor parte del tiempo, y casi siempre hay un “excuse me” si la persona se quiere sentar a tu lado o simplemente levantarse. Al lado izquierdo de mi asiento van dos personas. Una joven afroamericana y un señor caucásico de edad madura. La joven lleva un teléfono inteligente y conversa. El señor abre un libro y se acomoda lateralmente para leer, pero al acomodarse incomoda a la joven. Ella se queja y se escucha molesta a lo que él responde que si no le gusta ir de esa manera, que busque otro medio de transporte. (Creo que lo mismo le habrían dicho en Nicaragua aunque, seguramente de manera menos elegante). Así que ella se enoja aún más y le dice en actitud retadora: Qué fue lo que dijiste? Volvelo a repetir? Y El señor con sus lentes en la nariz  mueve un poco la cabeza y suspira. Se guarda la molestia pero digo yo, por qué no se mueve de ahí? Por qué no busca un mejor compañero de viaje? Tal vez no quiera dar su brazo a torcer, me respondo. Y ella, alerta como una ardilla, mira de soslayo, mira nerviosa, como pugilista en entrenamiento, al sesentón domado que por ser más "rayado" que ella, se muerde la lengua y aguanta el mal rato.

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